¿CUÁL ES EL PLAN?

Reflexión: P. Gabriel Lauria Viceasesor RCC Argentina

¿CUÁL ES EL PLAN?

En estos días venía preparando un retiro cuya figura central es Moisés. Este hombre de la Biblia es uno de los personajes centrales del Antiguo Testamento, junto a Elías son los que se manifiestan en la Transfiguración en el Monte Tabor. En fin, un personaje bíblico del que deberíamos conocer y aprender mucho más.

Preparando uno de los temas descubrí algo que primero me llamó la atención y luego me llevó a la reflexión. Se los comparto porque puede ser una clave de lectura de las cosas que vivimos en estos tiempos. Es sólo un punto de vista…

Todos conocemos algo de la historia de Moisés. De hecho, nace en un momento de esplendor de Egipto, esplendor basado en la magnificencia de las obras (pirámides, palacios, templos, etc.). Egipto en aquella época era considerada una potencia mundial. Sin embargo, su opulencia, como toda excesiva acumulación de riquezas, estaba amasada con el sudor de los pobres y tejida por un sinnúmero de injusticias sociales. Se había construido una opresora pirámide social, cuya base eran los inmigrantes, las tribus nómadas y los esclavos. La familia de José había bajado durante la época en que José administraba Egipto y gozó de privilegios durante muchos años hasta que “asumió el poder en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José” (Ex 1, 8). Entonces Israel fue esclavizado y el Faraón por miedo (Ex 1,12b) tramó un plan macabro.

Este plan de Faraón contaba con tres principios: 1. Trabajos forzados. Obligaron a los hijos de Israel a trabajar más y más. Los capataces fueron instruidos para que impusieran pesadas cargas (Ex. 1, 11. 13-14). 2. Control de la natalidad. El Faraón obligó a las parteras a matar a los niños varones recién nacidos (Ex. 1, 10) pero ni siquiera eso logró doblegar a Israel, que bendecido por Dios siguió creciendo. 3. El ahogamiento de los varones. Como no podía controlar los nacimientos Faraón decidió ordenar que todo varón hebreo sea arrojado al Nilo (Ex 1,22)

Moisés fue salvado de las aguas del Nilo y años después se convirtió en el liberador de su pueblo.

Hasta aquí la historia.

En un análisis muy personal, estas tres características del plan de Faraón se siguen dando también hoy. Tal vez no se vea el rostro de Faraón pero sus principios siguen siendo los mismos. El temor del “señor de este mundo” es que tomemos conciencia que “desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía” (1 Jn 3,2) por eso sigue implementando estas 3 acciones.

  1. Trabajos forzados. Hoy vivimos en una sociedad en la que debemos trabajar cada vez más para tener unos pocos beneficios. Los países más desarrollados económicamente establecen cada vez más jornadas laborales cortas mientras que en los países en vía de desarrollo las jornadas laborales son cada vez más en cantidad y más largas en duración.
  2. Control de la natalidad. Mientras que muchos países están reviendo sus legislaciones abortistas, promoviendo y hasta premiando a las familias que tienen hijos en nuestros países la oleada abortista promueve leyes anti-vida en una escala nunca vista. Si bien hay una resistencia, la presión mediática y económica es monstruosa.
  3.  La muerte de los varones. La “ideología de género” promueve la imposición de una mentalidad donde ya la ciencia no tiene nada que decir con respecto a nuestro ser varón o mujer y sólo vale la autopercepción que tenga de mi mismo. Pero junto a esto se nota claramente un ataque feroz a todo lo que sea varonil. Lo varonil es patriarcado, violencia, opresión, etc. Se intenta “matar” al varón para supuestamente defender a la mujer.

¿Será entonces que Faraón todavía pretende oprimir a los hijos de Dios? Sabemos cómo termina la historia. Dios envió un liberador. En aquella época fue Moisés. Hoy es Jesús. Él es el liberador y libertador de los hombres. Por eso nuestra confianza tiene que estar puesta en Él. Esto no quita nuestra responsabilidad en seguir trabajando, aportando y transformando nuestra realidad. Pero también tenemos que tener los ojos abiertos para saber contra quien luchamos…

Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio. Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. Ef 6,10-13

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