Despenalizacion del aborto

DESPENALIZACION DEL ABORTO Y AHORA, ¿QUÉ?

En estos últimos meses, desde que se abriera el debate por la despenalización del aborto, se han escuchado muchísimos argumentos tanto a favor como en contra. Desde el “derecho a elegir” hasta “salvemos las 2 vidas”, cada uno ha expuesto sus consideraciones.

En mi corta vida, pocas veces he visto a la sociedad enfrascada en un debate tan generalizado. Pero también pocas veces he visto a los católicos, de todos los niveles de participación en la vida de nuestras comunidades, tan comprometidos y tan activos. Ante la apertura del debate, nos dedicamos a buscar argumentos para demostrar la verdad de la vida y la razonabilidad de nuestros argumentos. Realizamos numerosas marchas, por cierto, totalmente silenciadas por los medios de comunicación social a los que muchas veces les atribuimos la transmisión de la verdad. Nos atrevimos a usar un pañuelo celeste como signo de una postura que asumíamos delante de la sociedad. No tuvimos miedo de exponer públicamente nuestros principios y argumentos, aún, cuando estos no eran argumentos religiosos. Viralizamos mensajes e imágenes en nuestros celulares y en cuanta red social compartimos. Mensajeamos por mail o Twitter a todos los diputados que pudimos. Nos lanzamos a verdaderas cadenas de oración como pocas veces lo hemos hecho. Nos alentábamos unos a otros insistiendo en que Dios estaba con nosotros, que iba a tocar el corazón de los diputados…

Hicimos todo esto y la media sanción salió a favor de la despenalización…

Luego de la votación se percibió una gran decepción, una congoja y tristeza enormes, un sentimiento de fracaso y derrota como pocas veces…

No comparto esta postura, creo que Dios permitió esto para que no nos quedemos con que no hay ley de despenalización entonces no hay problema, sigamos con nuestra vida como hasta ahora. Estoy convencido que esto que ha sucedido nos interpela a todos. ¿De qué manera? Les propongo solo 2 ideas de las muchas que hay…

¿Expectativa o Esperanza? Hagamos la distinción. EXPECTATIVA es el deseo de que se realicen nuestros planes tal como los planificamos. En nuestro caso, que Dios vea nuestros esfuerzos y evite, del modo que sea, que esta ley tuviera la media sanción. Casi me atrevo a decir que le pedíamos a Dios que nos haga caso, que responda positivamente a nuestro reclamo porque lo merecíamos. En cambio, ESPERANZA “es tener la certeza que yo estoy en camino hacia algo que es y no lo que yo quiero que sea”, (Papa Francisco – 01/02/2017). La esperanza nos abre hacia algo diferente. En nuestro caso, la esperanza nos anima a seguir adelante porque todo lo que hemos realizado (marchas, signos, cadenas de oración, etc.) es bueno y necesario; porque nos permite dar testimonio de la verdad; porque nos ha sacado de la pasividad y nos compromete con la construcción de un mundo más humano; porque se han caído las caretas de muchos políticos, medios de comunicación social, referentes de la sociedad y hemos descubierto sus posturas más profundas. Todo esto es muy bueno y tiene que alentarnos a poner más esfuerzo y trabajo de nuestra parte. Podríamos resumirlo de esta manera: ¡Qué bueno y maravilloso es que Dios nos haya elegido para ser parte activa de este momento de la historia! Dice la Sagrada Escritura: “No temas por lo que tendrás que padecer… Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida»”. (Ap. 2,8-10)

¿Causas o consecuencias? Hemos hablado mucho sobre el aborto, su realidad, sus consecuencias, pero muy poco de las causas que llevan a una mujer a la paradoja de ser dadora y portadora de vida y tener que elegir la muerte de esa nueva vida que lleva en su seno. ¿Por qué una mujer llega a esta situación? Aquí podríamos encontrar también múltiples respuestas. Ahora bien, me parece que la pregunta que no nos hemos hecho es: ¿De qué manera acompañamos a las mujeres, incluso las más cercanas a nuestra realidad, para que no lleguen al límite de pensar en el aborto? Nuestros Obispos nos dicen: “Tenemos la oportunidad de buscar soluciones nuevas y creativas (el remarcado es mío) para que ninguna mujer tenga que acudir a un aborto… (reconocemos) debilidades en nuestra tarea pastoral: la educación sexual integral en nuestras instituciones educativas, el reconocimiento más pleno de la común dignidad de la mujer y el varón, y el acompañamiento a las mujeres que se ven expuestas al aborto o que han sido atravesadas por dicho trauma. Todas estas son llamadas de la realidad que nos convocan a una respuesta como Iglesia.” De este párrafo quisiera sacar algunas pistas:

  1. Sin perder lo que hemos hecho ¿qué más y de manera organizada, sistemática, orgánica y pastoral podemos hacer? No hablo de una charla de vez en cuando, hablo de organización, de preocupación, de dedicación, de desafío permanente.
  2. Desde nuestro camino en la Renovación Carismática Católica sería muy bueno que nuestros Seminarios de Vida, nuestros Retiros y Encuentros tengan como eje transversal la dignidad de la vida, de la mujer y el varón. Espacios dónde hablemos no de lo malo del aborto sino de lo bueno de la vida.
  3. La acogida, cuidado y delicadeza para con la mujer embarazada en nuestros Grupos de Oración, debería ser un signo distintivo de la RCC. 
  4. No deberíamos obviar un sana, seria e integral formación en el amor tanto para jóvenes como para adultos. Además de comprometernos activamente en la Pastoral Familiar tanto parroquial como diocesana.
  5. En nuestra tarea evangelizadora no deberíamos olvidar nunca las realidades sociales, económicas y educativas, de los hermanos a los que vamos a llevar la Buena Noticia, dedicando tiempo y esfuerzo (humano y económico) a acompañarlos.

Se podrían decir muchas y mejores ideas, solo intento provocar la reflexión y la acción…

¿Lo pensamos?

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