Padre Carlos Aldunate

Discernimiento de lenguas y profecías en los grupos de oración

 

Por Padre Carlos Aldunate

 

En las reuniones de oración, cuando todos oran juntos en voz alta, algunos lo hacen en lenguas discretamente y sin llamar la atención. A veces, se escucha una oración en lenguas como un murmullo antes de comenzar un canto colectivo en lenguas. Ni esta oración ni este canto necesitan interpretación porque no son un mensaje dirigido a la comunidad.

Hablar en Lenguas

La oración en lenguas es una gracia de oración que puede ser usada a voluntad del que la posee y en la forma que lo desee; en voz alta, cantando, en silencio. Diverso es el carisma de entregar un mensaje “en lenguas”. En este caso no se procede por propia iniciativa, sino por una inspiración especial de Dios que algunos llaman “unción”. Dios mueve a la persona a hablar o a cantar en lenguas para comunicar un mensaje a la comunidad.

Esta moción de Dios se experimenta de diversas formas según las personas. No es algo compulsivo, pero la persona se siente incómoda mientras no cede al impulso. Parte de la incomodidad se debe a que la persona duda si hablar o no; desearía tener la certeza absoluta de que su impulso viene de Dios y ora pidiendo ser dirigida por El y evitar engaños. Esto sucede sobre todo al comienzo cuando, como Samuel, aún no se está acostumbrado a escuchar la voz de Dios (1 Sam 3. 7). Algunas veces, la persona que habla o canta en lenguas tiene alguna impresión respecto del sentido de su mensaje, impresión que le permite darse cuenta de si la interpretación que otro da es o no auténtica.


Interpretación

El mensaje en lenguas necesita interpretación. Por lo cual, según san Pablo, “el que habla en lengua extraña debe pedir en oración poder interpretarla; o que otro la interprete (Co 14. 13. 27). La interpretación inspirada es uno de los nueve carismas enumerados por el Apóstol, para provecho de la comunidad. Dios puede dar la interpretación a cualquiera de los presentes. No es traducción y, por eso, puede ser más corta o más larga que el mensaje en lenguas. No es fruto de un esfuerzo por comprender es algo que se recibe de Dios por inspiración como la profecía. Viene inesperadamente y persiste. Toma diferentes formas; puede ser como una idea, o una imagen, o irlas recibiendo poco a poco. El intérprete se siente inspirado a hablar; es la “unción”. A veces duda, vacila, se calla. A veces, varias personas reciben la misma interpretación o interpretaciones complementadas.

El contenido de la interpretación suele ser un mensaje de Dios a la comunidad, semejante a la profecía; otras veces es una alabanza a Dios, una oración dirigida a El. Cuando una persona habla en lenguas, el grupo guarda silencio y espera que Dios inspire a alguien la interpretación. Esta interpretación suele ser confirmada por una o varias personas. Por esto, el conjunto de lenguas con su interpretación suele producir un sentimiento muy vivo de la presencia de Dios y de su amor que acude en ayuda de sus hijos. La trascripción de una profecía o una interpretación resulta pálida porque no reproduce la oportunidad de lo que se dijo.

Discernimiento de Espíritu

El discernimiento presupone una vida de la Iglesia que está llena de poderes sobrenaturales y manifestaciones de la presencia de Dios. La misma riqueza de la actividad divina hace surgir a la superficie las fuerzas del mal y es también un campo para la actividad religiosa desviada. El discernimiento es la capacidad de penetrar a través de las apariencias exteriores para descubrir en el fondo si el origen de una moción es Dios, el hombre con sus impulsos naturales o el mal. Por eso, san Pablo exhorta: “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno” (1 Tes 5. 21); da criterios de discernimiento (1 Co 13, 1-2; 12, 2-3; Gál 5, 16-26) y enseña el “discernimiento de espíritus” como uno de los carismas necesarios para el bien de la comunidad (1 Co 12, 10).

Algunas maneras de discernir

Todos nos enfrentarnos continuamente con actitudes que tomar, ya sea respecto de la conducta personal o de las situaciones que se producen en las comunidades, ¿Cómo discernimos lo que Dios quiere de nosotros? Aquí se explican tres maneras:

a) La primera manera consiste en examinarlo todo con las luces de la razón, utilizando la virtud de la prudencia y contando con la ayuda de la gracia. Reflexionamos sobre las experiencias pasadas y pensamos las posibles consecuencias de una u otra posición para elegir la mejor. Si hemos elegido bien sentimos satisfacción y paz, como confirmación de encontrarnos en la voluntad de Dios.

b) La segunda manera es aquella en que actúan los dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento, consejo. Somos guiados por las inspiraciones de Dios. Estas inspiraciones son difíciles de distinguir respecto de las inclinaciones naturales con las cuales se suelen mezclar, porque todas se sienten brotar de nosotros mismos. Pero las inspiraciones están impregnadas de un amor diferente que viene de Dios. No se trata tanto de distinguir el bien del mal, sino de conocer la voluntad de Dios dentro de varias alternativas buenas. Si la persona es dócil, las inspiraciones de Dios la impulsan continuamente como una suave brisa; y la paz de Dios, la consolación que no consiste en consuelos sensibles, se hace sentir cuando se está en el lugar que Dios quiere.

c) La tercera manera consiste en el don de Dios o carisma de discernimiento de espíritus. Este carisma se define como una iluminación divina o manifestación del Espíritu Santo, por la que una persona conoce cuáles espíritus están motivando o impulsando determinada actuación, para proteger del engaño a la comunidad. Es como un mensaje que viene de afuera; no como que surge de la persona misma. Se forma súbitamente en la mente sin aparente ocasión natural, espontáneamente, completo. No depende del esfuerzo, la iniciativa, ni los conocimientos de la persona; es un conocimiento que lleva consigo su propia convicción. No hay que confundirlo con el agrado o desagrado que nos producen las cosas. Puede venir, lo mismo que otros carismas, por medio de visiones, o también por sensaciones o sentimientos agradables o desagradables. Es un medio por el que Dios da a conocer el origen de lo que está sucediendo en un grupo, en una reunión, en una persona, o bien en el ejercicio de algún carisma; y está iluminación se da para provecho del cuerpo de Cristo, por esto es un carisma que necesitan los pastores

El discernimiento puede darse en forma colectiva; es la más corriente. El grupo de oración, unido en el espíritu, siente instintivamente lo que es o no es de Dios, y así “juzga” las profecías y las demás manifestaciones carismáticas y, también, las diversas intervenciones de las personas.

Discernimiento de la profecía

Podemos distinguir tres tipos de profecía; profecía verdadera, no-profecía y profecía falsa. Lo que aquí se dice de la profecía puede aplicarse a los carismas de hablar en lenguas y de interpretar.

Profecía verdadera

La profecía generalmente no se da aislada, sino dentro del contexto de la vida espiritual del grupo. Cuando en la reunión se está unido en culto al Señor, la profecía surge como un elemento valioso dentro de la misma acción de Dios no es algo aislado y desconectado de la situación. La profecía verdadera edifica, es decir alienta, consuela, fortalece, da paz y gozo, hace sentir la presencia y la acción de Dios, lleva al arrepentimiento y la conversión. La edificación recibida trae como respuesta un asentimiento interior que no es reacción emocional. Esto es lo que algunos llaman “testimonio interior”. Por el contrario, una profecía no ayuda, si desanima o hiere, eso puede indicar que no proviene de Dios. Porque Dios reprende las faltas con amor animando a cambiar, no dejando desaliento.

No profecía

La no-profecía ocurre cuando alguien dice, en forma de profecía, algo que en realidad no es mensaje de parte de Dios. Esto sucede con frecuencia; lo que se dice puede ser bueno, aún podría ser un texto de la Biblia; pero no se dice en ese momento por inspiración de Dios. No daña pero tampoco edifica, parece faltarle poder; no produce los efectos de la verdadera profecía. La persona puede tomar por profecía un pensamiento que viene a su mente y que habría podido más bien expresar en oración o comunicar a los demás de alguna otra manera. A veces, la persona misma duda si es o no profecía. Otro caso ocurre cuando, a continuación de una profecía verdadera, la persona agrega sus propios pensamientos, el proceso intelectual que ha seguido a la recepción del mensaje, su propia sabiduría. No es raro que una profecía sea modificada o influenciada por las ideas religiosas de las personas, sus emociones y problemas, o el clima del grupo presente. Un antiguo maestro espiritual aconseja: “rechazar las revelaciones que son innecesariamente prolijas o que van recargadas de pruebas o razones superfluas.

Las revelaciones divinas suelen ser breves y discretas; pocas palabras, y muy claras y precisas”.

Profecía falsa

No se presenta con frecuencia y es relativamente fácil de discernir. Suele tener un contenido contrario a la doctrina de la Iglesia. Puede estar inspirada por malos espíritus. También puede provenir de personas que sufren problemas emocionales o desórdenes en su vida moral y los reflejan en palabras agrias, hostiles, condenatorias, presentadas en forma de profecía. A veces, la raíz se encuentra en prácticas de ocultismo o en la búsqueda por parte del grupo de experiencias de tipo espectacular, o en el hecho de que en lugar de caridad hay odio, envidias, desavenencias o alguna otra situación de pecado, dentro del grupo .

Biografía

Padre Carlos Aldunate Lyon (Santiago, 16 de mayo de 1916-Valparaíso, 18 de julio de 2018) fue un sacerdote católico jesuita, profesor y escritor chileno, así como promotor de la Renovación Carismática en Chile y uno de los formadores del papa Francisco.

Fue hijo de Carlos Aldunate Errázuriz y Adriana Lyon Lynch; fue nieto del presidente del Partido Conservador chileno Carlos Aldunate Solar y hermano del también sacerdote jesuita José Aldunate. Estudió en colegios jesuitas en Inglaterra y Chile. Ingresó en la Compañía de Jesús en la ciudad de Chillán y fue ordenado sacerdote en Argentina en 1944. En 1948 obtuvo un Doctorado en Filosofía otorgado por la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.

Fue rector del seminario de los jesuitas en Chile y de los colegios jesuitas de Santiago, Antofagasta y Osorno. Fue rector de la Universidad del Norte entre 1966 y 1969, y director de la Casa de Ejercicios Loyola. También se desempeñó como profesor en la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y en la Universidad del Norte. Realizó exorcismos, y desde 1975 estuvo dedicado a dar retiros y cursos de espiritualidad en Chile y en el extranjero.

En 1960, el joven Jorge Mario Bergoglio —hoy papa Francisco—, en su período de formación hacia el sacerdocio, pasó una temporada en Chile bajo la formación de Carlos Aldunate.

Fue el principal iniciador del movimiento de la Renovación Carismática en Chile, a inicios de los años 1970.

Falleció el 18 de julio de 2018, a la edad de 102 años.

Un comentario:

  1. ANA RISSO DE MARCONATO

    Excelente como siempre. gracias

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